La idea era levantarse prontito y salir hacia Cuernava. Al final acabamos enredándonos y salimos algo más tarde después, eso sí, de unos huevos tibios. Dolly se queda al cargo de la casa. Michi desaparecida. Cargamos el bocho y allá vamos!
Por el camino vídeos divulgativos con el gran Eduardo Von hablando sobre la idiosincrasia de México y el mexicano, parada para comprar guayabas y seguimos manejando carro y plática hasta Cuernavaca, la Ciudad de la Eterna Primavera. El apartamentito de los tíos no es tal, se trata de un departamento bien padre con una piscina preciosa y un montón de zonas de ocio. Eduardo se va a lo suyo y nosotros nos bajamos a la alberca. Silvina aparece con peras con chile (ver foto) Alfredo nos consigue unos tequilas y una michelada (cerveza con chile con limón y con sal)
Nos bañamos ( por cierto, este sitio es tan popi que incluso calientan el agua de la alberca los findes), asoleamos y dejamos que pase la mañana. El sol va y viene. Alfredo sube al departamento porque hay un piano, claro. A nosotras sin querer se nos hace la hora de comer. En esto llega Eduardo. Silvina sube a por la comida y Eduardo y yo nos tomamos unas chelitas en la alberca.
Al rato bajan con la comida y nos la tomamos a la sombra del gran árbol.
Subimos al departamento para ducharnos y salir a dar una vueltita. Antes Silvina prepara una sopa de miso para la cena.

Paseamos por el zócalo de Cuernavaca, vemos la casa de descanso del señor H. Cortés y acabamos tomando unas chelas y una botana y hablando de proyectos inviables como la película sobre el origen falso del pulque hasta que nuestras vecinas de mesa se arrancan a tocar el piano.
Volvemos a casa, montamos las camas, Eduardo nos ofrece sopa tardía pero será temprana mañana.




Que buena pinta tiene todo: los sitios, la gente, la comida... la comida que envidia... estoy deseando encontrar un restaurante mexicano en algún sito... Os sigo. Besos miles. Parapli
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